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Sensibilización central: ¿qué estamos midiendo realmente?

Una puntuación puede cambiar sin demostrar que hemos desensibilizado el sistema nervioso.

Fran · 18 de agosto de 2026 · 8 min de lectura

Cuando una persona lleva meses o años con dolor, una de las primeras preguntas que suelo abordar con mis pacientes es por qué sigue doliendo. En ocasiones existe una lesión conocida, pero su evolución no explica completamente la intensidad, la extensión o la persistencia de los síntomas. Otras veces las pruebas muestran cambios frecuentes en personas sin dolor y ninguna imagen consigue responder a todo lo que está ocurriendo.

Esta falta de correspondencia suele generar mucha incertidumbre. Nuestra cultura del dolor lleva a la persona a pensar que todavía no se ha encontrado la estructura responsable, que necesita otra prueba o que el daño debe ser mayor de lo que parece. También puede ocurrir lo contrario: que alguien interprete que, si las pruebas no explican el dolor, entonces el problema no existe.

La sensibilización central puede ayudarnos a comprender parte de estas situaciones, pero solo si explicamos bien qué significa y evitamos convertirla en un nuevo diagnóstico capaz de justificar cualquier cosa. Es un concepto que cuesta transmitir correctamente.

¿Qué es la sensibilización central?

Nuestro sistema nervioso no se limita a recibir señales y trasladarlas de manera pasiva hasta el cerebro. Las selecciona, las interpreta y modifica su respuesta a partir de la experiencia, el contexto y la información disponible. Es un sistema con capacidad de aprendizaje.

Cuando hablamos de sensibilización central nos referimos a determinados cambios en el cerebro y la médula espinal que aumentan la respuesta ante las señales relacionadas con una posible amenaza. El sistema nervioso puede responder con mayor intensidad, hacerlo durante más tiempo o reaccionar ante estímulos que antes resultaban poco relevantes.

Una presión, un movimiento o un contacto pueden resultar más dolorosos. La sensibilidad puede extenderse más allá de la zona inicialmente afectada y el dolor puede mantenerse aunque el estado de los tejidos haya cambiado. Esto no significa que el sistema nervioso esté inventando el dolor. Significa que su manera de procesar y regular la información también puede formar parte de la experiencia.

Para explicarlo se utiliza con frecuencia la metáfora de una alarma que se ha vuelto demasiado sensible. Puede ser útil, pero también tiene límites. No existe una alarma averiada dentro del cuerpo ni un interruptor que podamos apagar. Hablamos de procesos biológicos complejos, dinámicos y modificables en los que pueden participar el aprendizaje, el sueño, la actividad física, el estrés, la atención, las experiencias previas y el contexto de la persona.

El dolor es real. Lo que cambia es nuestra comprensión de cómo se produce.

¿Por qué es importante en las personas con dolor persistente?

Comprender la sensibilización central puede ser importante porque permite dejar atrás una idea demasiado simple: que la intensidad del dolor siempre refleja la cantidad de daño presente en una estructura.

En algunos pacientes con dolor persistente, seguir buscando una explicación exclusivamente local conduce a una sucesión de pruebas, diagnósticos e intervenciones que no terminan de abarcar el problema. Se trata repetidamente el lugar donde duele, pero se presta menos atención al sueño, la actividad, la recuperación, la extensión del dolor, el miedo al movimiento o la forma en que la experiencia está interfiriendo en la vida.

Reconocer que el sistema nervioso puede participar en la persistencia del dolor amplía las posibilidades. Nos permite entender por qué una persona puede sentir mucho dolor sin que eso signifique necesariamente que sus tejidos estén sufriendo un daño proporcional. También ayuda a explicar por qué el dolor puede variar entre días, aumentar en periodos de mal descanso o estrés y disminuir cuando la persona recupera seguridad, capacidad y participación.

Esta comprensión puede cambiar la forma de afrontar el problema. Si cada aumento del dolor se interpreta como una nueva lesión, la respuesta lógica será protegerse, evitar el movimiento y reducir progresivamente la actividad. Si la persona entiende que sentir más dolor no siempre significa haberse dañado más, puede comenzar a tomar decisiones diferentes y recuperar movimiento de forma gradual.

Ahí la explicación adquiere valor clínico. No porque conocer el término «sensibilización central» reduzca automáticamente el dolor, sino porque puede modificar la manera en que una persona interpreta lo que siente y participa en su recuperación.

Sin embargo, existe un riesgo importante. La sensibilización central puede pasar de ser una explicación que abre posibilidades a convertirse en una etiqueta que las cierre.

Decirle a alguien que tiene «el sistema nervioso sensibilizado» puede ayudarlo a comprender que su dolor es real y complejo. Pero también puede transmitirle que su sistema nervioso está alterado, descontrolado o dañado de una forma difícil de revertir. Podemos sustituir el miedo a una columna desgastada por el miedo a un cerebro averiado.

La finalidad de una explicación no debería ser cambiar una amenaza por otra.

No tenemos una prueba que diagnostique la sensibilización central en consulta

Este es uno de los aspectos más importantes y, probablemente, uno de los que menos explicamos.

La sensibilización central es un mecanismo neurofisiológico. No podemos observarlo directamente mediante un cuestionario ni confirmarlo con una única prueba clínica. Podemos identificar características compatibles, estudiar la distribución del dolor y explorar distintas respuestas sensoriales, pero siempre estaremos construyendo una hipótesis dentro de una valoración más amplia.

Una revisión reciente reunió 42 ensayos clínicos con 2.811 personas con dolor crónico y comparó intervenciones como el ejercicio, la terapia manual, la educación en neurociencia del dolor, la realidad virtual, la estimulación nerviosa eléctrica y distintas combinaciones entre ellas.

Los estudios utilizaron principalmente dos medidas: el Central Sensitisation Inventory, conocido como CSI, y el umbral de dolor a la presión, denominado PPT por sus siglas en inglés. Aunque ambas suelen aparecer en investigaciones sobre sensibilización central, no miden lo mismo y ninguna permite diagnosticarla por sí sola.

El CSI es un cuestionario que recoge síntomas como fatiga, problemas de sueño, dificultad de concentración o sensibilidad. Su puntuación describe la carga de síntomas que refiere una persona, pero esos síntomas pueden aparecer por muchos motivos. Una puntuación elevada no demuestra que exista un mecanismo concreto en el sistema nervioso central.

El umbral de dolor a la presión indica cuánta presión se aplica antes de que una persona comience a identificar la sensación como dolorosa. Puede aportar información sobre su sensibilidad en las condiciones concretas de la prueba, pero también depende del lugar donde medimos, del procedimiento, de la atención, de las expectativas y del estado de la persona ese día.

En esta revisión, la educación en neurociencia del dolor obtuvo la mayor estimación de cambio en el CSI, pero el intervalo de incertidumbre incluía la posibilidad de que no existiera una diferencia real. En el umbral de dolor a la presión apareció un efecto grande y con mayor certeza estadística.

El resultado es interesante, pero debemos nombrarlo correctamente.

Si disminuye el CSI, podemos decir que se redujeron los síntomas recogidos por el cuestionario. Si aumenta el umbral de dolor a la presión, podemos decir que la persona toleró más presión antes de identificarla como dolorosa. Ninguno de esos cambios demuestra por sí solo que hayamos «revertido» o «apagado» la sensibilización central.

Medir mejor comienza por reconocer exactamente qué puede observar cada medida y qué conclusión no contiene.

Una intervención no debería elegirse para tratar una etiqueta

Un metaanálisis en red permite comparar y ordenar intervenciones aunque no todas se hayan enfrentado directamente en los mismos estudios. Puede ayudarnos a generar hipótesis sobre qué tratamientos parecen más prometedores, pero ese orden no decide qué necesita la persona que tenemos delante.

No deberíamos elegir una intervención porque ocupa el primer lugar en una clasificación ni prometer que va a «desensibilizar el sistema nervioso». La educación, el ejercicio, la terapia manual o la estimulación pueden modificar síntomas y respuestas sensoriales, pero lo hacen dentro de procesos mucho más amplios.

En lugar de intentar tratar una etiqueta, podemos trabajar con objetivos que la persona reconozca: dormir con mayor continuidad, recuperar una actividad, tolerar progresivamente una carga, reducir la interferencia del dolor, comprender mejor una respuesta o volver a participar en algo que había abandonado.

También podemos utilizar cuestionarios y pruebas sensoriales cuando ayuden a orientar o seguir la evolución, siempre que no los presentemos como una radiografía del sistema nervioso.

La sensibilización central es importante porque nos recuerda que el dolor puede mantenerse y amplificarse sin depender únicamente del estado actual de los tejidos. Nos invita a mirar más allá del lugar donde duele y a comprender a la persona desde una perspectiva más amplia.

Pero precisamente por su importancia debemos utilizar el concepto con prudencia. No todas las personas con dolor persistente presentan el mismo mecanismo, no existe una prueba clínica única que lo confirme y ningún tratamiento puede seleccionarse únicamente a partir de esa etiqueta.

Comprender la sensibilización central debería servir para disminuir el miedo, ampliar las opciones y ayudar a participar activamente en el proceso de mejora. Si la explicación termina haciendo que una persona se sienta más frágil, más alterada o más dependiente de alguien que prometa «desensibilizarla», entonces quizá no hemos explicado mejor el dolor. Solo hemos cambiado el nombre de la amenaza.

Nota editorial. El CSI y el umbral de dolor a la presión aportan información diferente. Ninguno constituye por sí solo una prueba diagnóstica de sensibilización central.

Para aprender más

El análisis completo revisa las estimaciones de la red y la validez de sus resultados sustitutos.

Análisis crítico de FisioLógico

Qué miden CSI y PPT, qué resultados aparecieron y qué inferencias deben evitarse.

Leer el análisis completo

Efficacy of non-pharmacological interventions on central sensitisation to pain

Revisión sistemática y metaanálisis en red de 42 ensayos.

Consultar en PubMed

Cuestionario CSI en español

Versión española validada del Central Sensitisation Inventory, disponible en el apéndice del artículo. Describe una carga de síntomas; no diagnostica sensibilización central.

Consultar la versión española

Cuestionario CSI original en inglés

Ficha institucional del NIH con el formulario original y sus archivos. Debe interpretarse dentro de una valoración clínica más amplia.

Abrir el cuestionario original